12/11/18

La historia de los 47 ronins



Ninguna historia simboliza mejor los ideales de los samuráis de honor, entrega y lealtad que La historia de los 47 ronins de Ako.
En el año 1701, el sogún planeaba recibir en su castillo a tres embajadores del emperador de Japón que presentarían los saludos de Año Nuevo. Sería una ocasión formal que requería ceremonias elaboradas.
El sogún encargó al noble Asano que encabezase las ceremonias, pero este, que era de la provinciana ciudad de Ako, no estaba familiarizado con las intrincadas costumbres de la corte. De forma que tendría que depender de los consejos del Maestro de protocolo de la corte del sogún, Kira Yoshinaka.
El noble Asano envió a Kira regalos en pago por su ayuda. Kira no estaba satisfecho con dichos presentes pero no dijo nada. En su lugar, fingió querer ayudar pero en realidad ignoraría al noble Asano, o peor aún, le diría algo equivocado. Así, el noble al llegar a la corte, vestido con pantalón corto, tal y como Kira le había aconsejado, se encontró con que todos llevaban pantalón largo.
El noble Asano intentó hacerlo lo mejor que pudo pero, en la ceremonia de despedida, quedó profundamente avergonzado al colocarse en el lugar erróneo. Kira no le estaba ayudando. Encolerizado, Asano lanzó su wakizashi y le hizo un corte a Kira en la frente.
El sogún se puso furioso: sacar un arma en la corte era una grave ofensa. Ordenó al noble Asano realizar la ceremonia del seppuku, el nombre formal para el harakiri. El noble escribió su último poema de despedida y se suicidó. Sus tierras fueron confiscadas y sus 47 samuráis se convirtieron en ronins.
Los 47 juraron que vengarían la muerte de su señor, a pesar de que sabían que el sogún también ordenaría que se suicidasen si lograban matar a Kira. Pero para un samurái la vida es corta, como un cerezo, florece para marchitarse después. El honor es más importante.
Kira sospechaba un complot y tenía hombres vigilando. Así estuvo durante dos años, los ronins fingían llevar vidas disolutas, emborrachándose de taberna en taberna y malgastando el tiempo en mujeres.
Una noche en que nevaba, vestidos con una armadura que habían fabricado en secreto, los 47 ronins se colaron en la mansión de Kira y le cortaron la cabeza. Envolviendo su truculento trofeo en un paño blanco, lo depositaron sobre la tumba del noble Asano con un mensaje que reclamaba su autoría.
Tal y como esperaban, el sogún ordenó su suicidio. Y en 1703, los ronins llevaron a cabo su orden.
La gente de Japón declaró a los 47 ronins héroes y fueron enterrados cerca de su señor, Asano. Todavía hoy la gente visita su tumba y su historia es contada en libros, obras de teatro y películas.


Relato del libro "Breve historia de los samuráis"


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