21/8/18

Relato - El alma de Eva (2)


Alma y Eva –  Cuatro meses antes del accidente


-          Quiero pasar toda la eternidad contigo.
Mis dedos ascendieron por su estómago desnudo, contando los lunares que se habían convertido en mis constelaciones. Su respiración se entrecortó cuando empezaron a escalar hasta la cima de su pecho.
-          Y yo quiero estar toda mi vida contigo.
-          Pero no toda la eternidad. ¿Crees que vas a cansarte de mí?
Silencié mis labios contra su cuello y su respuesta se convirtió en un suave gemido. Se giró sobre el colchón y entrelazó sus piernas con las mías. Sujetó mi rostro entre sus manos y clavó su mirada azul en mis ojos.
-          No me fio de esa tecnología, siento claustrofobia al pensar que estaré allí encerrada, sin escapatoria, y que podrán hacer con nosotras lo que quieran.
-          Es el lugar más seguro del mundo, incluso si se estrellase un meteorito contra la tierra nosotras seguiríamos a salvo, es un limbo eterno donde ningún mal podrá alcanzarnos.
Alma se tumbó sobre mi cuerpo y nos fundimos en un abrazo, cada centímetro de nuestra piel reconocía a la otra y la necesitaba, la ansiaba. Sus labios encontraron los míos y compartimos el aliento.
-          Ningún mal puede alcanzarnos aquí, ahora.
Y era cierto, podría pasar cualquier cosa a nuestro alrededor, un terremoto, un bombardeo, el mismísimo apocalipsis, y no importaría porque estaba entre sus brazos y el amor era mi alimento. Alma era mi alimento, mi aire, mi agua. Estar enamoradas nos hacía invencibles, pero todavía se nos resistía la eternidad.
-          Te necesito para vivir, eres mi Alma.
-          Y  tú mi perdición.
Sonreí con malicia, porque en ese momento supe que tarde o temprano sería mía para siempre. Tenía mucho tiempo por delante para provocarla y suplicarle y convencerla. Atrapé su labio inferior entre los dientes y tiré suavemente, al soltarla ella invadió mi boca con su lengua y bebí de ella sin piedad.
-          Cásate conmigo.
Las palabras se me escaparon en un primer momento, en cuanto sentí el vacío que dejó su lengua al abandonar mi boca, pero después de perderme en su mirada, asustada por el impulso, y encontrar la calidez de su amor en la profundidad de sus ojos, las repetí con valentía y emoción.
-          Hagámoslo como antiguamente, empezando un para siempre aquí y ahora. ¿Quieres casarte conmigo, Alma mía?
-          Tengo entendido que antes se hacía con un anillo en la mano y una rodilla en el suelo.
-          ¿Y no te gusta más mi improvisación?
Me moví ligeramente para frotar con mi muslo entre sus piernas y me gané un dulce jadeo, cuando intentó seguir con el movimiento le sujeté las caderas.
-          Sin duda me gusta muchísimo más esta posición.
-          Pues di las palabras mágicas, amor.
-          Sí, quiero casarme contigo.


2 comentarios:

  1. Me fascina este relato y me flipa tu estilo. Me ha entrado un escalofrío mientras lo leía. Eso me encanta. Yo tampoco sé lo que busco hasta que lo encuentro. Como en un cuento sufí donde alguien acudía a una cita sin saber dónde, cuándo ni con quién.
    Supongo que continuará. Espero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, tal vez vuelva a estos personajes, la verdad es que les he cogido cariño en el poco tiempo que he estado con ellas, pero no prometo nada, ahora mismo estoy escribiendo otros relatos. Saludos.

      Eliminar

Gracias por leerme.