11/3/18

Los abismos - Iban Petit


Sé que un libro tiene alma cuando conmueve mi alma literaria, cuando me provoca la necesidad incontrolable de escribir, no sobre sí mismo necesariamente, de escribir sobre cualquier cosa, de escribir tal y como respiro, de dejar de contener el aliento, y puedo sentirlo anidando en mi interior, creándose un hogar acogedor y cálido que a la vez será un refugio para mí. 

En la contraportada: “Los abismos nos presenta la historia de tres generaciones de mujeres, de tres vidas de descubrimiento y de retos diarios, de sobresaltos que irrumpen y lo cambian todo. Una historia en la que la soledad, la incertidumbre y la pérdida se entremezclan con la tenacidad, con el amor y, sobre todo, con el asombro…”


En Los abismos me he encontrado a mí misma, me he enfrentado a mis miedos, mis deseos, mis pasiones, mis ilusiones, mis añoranzas, y me he sentido una más en la historia de estas mujeres que encaja lentamente como un puzzle perfecto y armonioso. He sido ellas, las he sentido, y también he estado a su lado, como igual y como lectora. Las he acompañado a lo largo de la historia de sus vidas y al profundizar en ellas han profundizado en mí. Dos de ellas viven por y para la literatura y junto a ellas descubrimos la ardua pasión por la escritura, podríamos ser la misma persona, porque las tres compartimos el alma de la literatura, como una solitaria que nos devora desde dentro, o como una semilla que crece y sus raíces nos colman y es un árbol y en cada hoja hay una historia descubierta o por descubrir. 

Yo también estoy buscando mi propia historia mientras escribo.

Las protagonistas consiguen traspasar el papel y conmover con intensa belleza y un realismo palpable, respirable; creo que no importa que escribas o no, que compartas la profundidad del alma con ellas o no, sólo que leas, que las leas y te dejes atrapar, te emocionarán inevitablemente.

Debo resaltar la narración de esta novela porque es impresionante, el trabajo que ha hecho Iban Petit al entrelazar las diferentes historias de cada protagonista es sublime, cambia la narración intercambiando a las protagonistas no por capítulos –que es lo habitual– sino por párrafos –cada uno o dos párrafos te cambia de perspectiva– y es algo que me ha maravillado a cada página porque consigue que sea perfecto, cómo fluye la historia, cómo intimas con los personajes, cómo cada párrafo va creando un todo poco a poco… es la primera vez que leo algo así y me ha parecido brillante, la idea y cómo ha conseguido escribirla, no sobra ni un párrafo, ni una palabra, ni una coma, es una novela redonda y perfectamente creada, igual que sus personajes, he sentido una conexión con ellas no sólo por la parte literaria que nos une sino también como mujer y me parece muy admirable que un escritor haya podido meterse así en la piel de personajes femeninos. He sentido que la novela creaba un aura de conexión entre mujeres que abarcaba todo, a mí, al autor, y a los personajes, incluso llegando al final tiene mucha importancia la sororidad y el feminismo y es maravilloso. 

Esta es la segunda novela que leo de Iban Petit (su segunda novela) y me ha complacido descubrir que tiene un estilo muy marcado, hay pautas que repite en sus personajes, como el amor por la literatura y la necesidad de cuestionarse su mundo de forma filosófica y melancólica. Si su primer libro me gustó y me sorprendió (Anotaciones circulares) en este se ha superado a sí mismo en todo y ya estoy deseando leer su siguiente novela. 

Iban Petit es un escritor con mayúsculas, leedlo si no lo habéis hecho ya.


“Ahora estoy vacía y todo lo que me rodea es inmenso.”

“Supe en aquel instante que de nuevo me enfrentaría a una soledad que ya conocía. Y, de nuevo, pensé en ponerme a escribir.”   Escribir para apaciguar la soledad, para convertir la soledad en un hogar cálido y acogedor, en un hogar con fotografías enmarcadas. 

“¿Por qué me dedico a escribir? No me pregunto por qué escribo, sino por qué decidí dedicarme a ello. Mario Vargas Llosa compara la definición de un escritor con la solitaria. Dice que la vocación de un escritor es como un parásito que al instalarse en el cuerpo hace que todo lo tengamos que compartir con él. “La vocación literaria es una dedicación exclusiva y excluyente, una prioridad a la que nada puede anteponerse, una servidumbre libremente elegida que hace de sus víctimas –de sus dichosas víctimas– unos esclavos.”
Me dedico a escribir para estar inmersa en todo momento en una actividad lúcida, me digo. Para dejar el espacio necesario a la fantasía y permitir que esta se expanda por completo, y así yo acabar generando, por fin, una historia compleja y completa. Para enfrentarme al abismo de una vocación que ha sido constante a lo largo de mi vida. Para sentir vértigo. Porque para esconderme de mi primer yo y abrazar el segundo es necesario dar libertad al tercero. Para aprender un oficio. Para llegar al precipicio. Para crear criaturas. Para publicar y ser juzgada. Porque hay algo dentro de mi cuerpo, un aura interior que implosiona –o quizá una solitaria que se mueve– que me dice que esto es lo auténtico, lo verdadero.