18/12/16

La Náusea

Lectura 53. La náusea - Sartre  novela - 5
Terminar la Náusea preparada para ser arrasada por la desolación y encontrar un destello de esperanza, aliento, casi un abrazo palpable y suave de Sartre. Es una lectura a la que hay que llegar preparados, tiene muchos altibajos pero merece la pena. Lo he disfrutado mucho. Hay que entender la Náusea, sentirla y aplacarla.

¿La náusea es sentir que estamos vivos? Sentir la existencia como un sexto sentido. Puede doler, pero es vida, existencia viva, un segundo que se ralentiza en el tiempo mientras la inercia sigue hacia delante arrastrándolo todo, tirando de nosotros, la Náusea es resistir. No es una salvación, solo resistencia, un segundo robado para mirar y sentir, aunque duela. Después hay que encontrar bálsamo para el dolor y esa es la magia de la Náusea, para quienes consiguen encontrarla.

"Martes

Nada. He existido.

Miércoles

No hay que tener miedo."


"Existo. Pienso que existo. ¡Oh, qué larga serpentina es esa sensación de existir! Y la desenvuelvo muy despacito... ¡Si pudiera dejar de pensar! Intento, lo consigo: me parece que la cabeza se me llena de humo... y vuelve a empezar: "Humo... no pensar... No quiero pensar. No tengo que pensar que no quiero pensar. Porque es un pensamiento." ¿Entonces no se acabará nunca?
Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso... y no puedo dejar de pensar. En este mismo momento -es atroz- si existo es porque me horroriza existir. Yo, yo me saco de la nada a la que aspiro, el odio, el asco de existir son otras maneras de hacerme existir, de hundirme en la existencia. Los pensamientos nacen a mis espaldas, como un vértigo, los siento nacer detrás de mi cabeza... si cedo se situarán aquí delante, entre mis ojos, y sigo cediendo, y el pensamiento crece, crece, y ahora, inmenso, me llena por entero y renueva mi existencia.
Mi saliva está azucarada, mi cuerpo tibio, me siento insulso. Mi cortaplumas está sobre la mesa. Lo abro. ¿Por qué no? De todos modos, así introduciría algún cambio. Apoyo la mano izquierda en el anotador y me asesto un buen navajazo en la palma. El movimiento fue demasiado nervioso, la hoja se ha deslizado, la herida es superficial. Sangra. ¿Y qué? ¿Qué es lo que ha cambiado? Sin embargo, miro con satisfacción en la hoja blanca, a través de las líneas que tracé hace un rato, ese charquito de sangre que por fin ha cesado de ser yo. Cuatro líneas en una hoja blanca, una mancha de sangre: es un hermoso recuerdo."

Pero lo mejor que me ha regalado la Náusea es su final, ese ha sido su abrazo. Esperaba lo peor pero al final hay esperanzada, la magia de la que hablaba al principio. Yo, como persona que siente la literatura -el arte- como algo fundamental de su vida, muchas veces me siento sola e incomprendida, las personas del mundo de ahí fuera, del mundo real y gris, no lo entienden, y cuando alguien me pregunta qué quiero hacer con mi vida si respondo que solo quiero leer y escribir hasta me miran mal, como si me pasara algo malo y han llegado a recriminármelo por importarme más que todo lo demás, que ellos mismos. Y la Náusea me ha regalado comprensión, Sartre me ha regalado un momento de compañía en este mundo tan solitario y gris, El arte es lo único que puede salvarnos, él lo entendió y lo ha compartido con todos nosotros. Ha sido como encontrar un apoyo a algo que a veces no entiendo, que me hacen sentir que está mal, que yo siento que necesito como el aire y el mundo se empeña en asfixiarme. Está bien, dolerá, solo hay que seguir escribiendo.

Y quien no aprende a enfrentar la existencia y la Náusea, solo se sobrevive.

Todo el libro, todo el recorrido, el pensamiento, el entendimiento, el sentimiento, la náusea, y esa maldita hoja final, gracias Sartre.