7/6/16

La ansiedad

Ese diminuto demonio con la fuerza de mil tempestades. Ya le conozco como a un cercano e inevitable enemigo y puedo sentirlo despertar con sed de sangre después de tanto tiempo compartiendo infierno entre estos huesos desesperados, es complicado reconocer lo que nos despedaza porque el dolor lo nubla todo pero los años convierten la locura en compañía, viene detrás de una náusea que me sube desde las entrañas, me araña la piel desde dentro, asfixia mi mente y sabe a infección.

Este viaje al subsuelo de las pesadillas que empieza con un susurro casi imperceptible justo en las sienes y aumenta despacio como una bestia acechando a su presa, hasta que se expande y se convierte en un grito venenoso que me invade por completo. No puedo escuchar nada más, retumba en mis pensamientos, está incluso en la voz de los demás. Se repite como un eco incansable, furioso. Es como estar ahogándose y seguir escuchándolo a través del agua, pero conozco esas palabras deformadas como si las llevara grabadas a fuego, nunca podré escapar de ellas.

Todo lo que temes, todo lo que odias, es lo peor de ti con el poder de un dios sádico.

Solo puedo esperar y soportarlo, no hay fuerza humana con la que combatirlo, hasta que pierda fuerza y pueda retomar el control, hasta volver a ser yo misma y respirar como si hubiera escapado de arenas movedizas justo antes de asfixiarme.