12/3/16

diario: sábados de madrugada

Qué puede hacerse mejor que ver la gran serie House of Cards, no lo sé. Es una maravilla. Te engancha, te sorprende, te hipnotiza y no te suelta ni un solo segundo. Podría describirla como perfecta. De verdad, lo juro. Lo que más me impresiona, más que las tramas políticas de juego sucio tan realistas que dan miedo, estoy segura de que tiene más realidad de lo que podríamos imaginar, me fascinan los discursos en los que se centra mucho esta temporada (la anterior fue más de debates), el carisma y la labia que muestran, la capacidad de tergiversar y manipular cualquier cosa para ponerla a su favor, esa magia de la palabra que tienen -que deben tener- los monstruos de la política, y así aplaudes incluso al enemigo, joder. Lo desmoralizador de esto (lo he hablado con Rorschach esta misma mañana) es pensar en los grandiosos escritores-guionistas que crean toda esa magia y ver a los actores sudando la gota gorda haciéndolo tan bien pero luego ver la realidad que nos rodea, ver nuestros debates políticos, escuchar sus discursos, escuchar a Mariano Rajoy que cada vez que habla muere un gatito y joder, joder, qué vergüenza ajena, qué mediocridad tan deprimente, qué triste lo que dice de nosotros quienes nos representan.

Buenas noches, me caigo de sueño.