18/8/15

La tristeza parece educada si se vive en soledad (recitando)



Leyendo un texto de Rorschach Kovacs:


Las estrellas siguen pudriéndose allí arriba mientras la vida sigue con su milagro y su castigo. Soy un útero de tierra sucia. Un estómago que pasa hambre. Unos pulmones infectados por el fango de la hemorragia sentimental. Sonrisas que tienen vocación de flor rota y herida y que echan de menos el líquido amniótico. Nuestros latidos son una vieja canción de guerra, ¿te conmueve? Yo prefiero idealizar el desgarro y sobrevivir un día más. Tengo alas de insecto corriendo por mis venas por masticar la mente reseca y hambrienta del amor. Nacemos para reproducirnos, no para ser felices, ¿arroparías a una grieta, le darías calor con tu cuerpo? A veces tengo la sensación de que solo escribo para cubrir la distancia entre mi miedo y yo. No soy ilusa: la empatía es la primera vía de contagio. La tristeza parece educada si se vive en soledad, si no salpicas a nadie con tus excesos.

Nunca he querido ser poeta, solo necesitaba ser amada. Que el amor rompiera mis huesos hasta llegar a mi mente, a mi médula, a la sangre, y se disolviera en todos los rincones que tiene y debe penetrar. La nevera sigue con su ruido, obsesionada por congelar su interior vacío. Perfecta metáfora del amor que siento por tu ausencia. Porque mi amor no perdona errores. Mi amor no me deja ser libre. No me deja masturbarme pensando en otros. Mi amor no me coge el teléfono ni responde a mis mensajes. Mi amor es un arlequín de guiño bipolar, un cuervo graznando entre el escote de las nubes. La noche desafía mi oscuridad y me coge fuerte de la mano, las mariposas de mi mente siguen jugando entre pavesas. El resto es silencio.

13/8/15

¿Bailas conmigo? Sí, pero no quiero follar, ni ser violada, ni morir, solo divertirme.

La música me invade por dentro en cuanto entro al local, tengo tantas ganas de bailar que no puedo controlarme, sujeto la mano de mi amiga y voy disparada hacia la pista de baile. Nos hacemos hueco a empujones hasta encontrar un sitio donde poder desmelenarnos. La suelto, me cuelgo el bolso como una bandolera y levanto los brazos y salto con la música. Necesito tanto relajarme, un parón en la rutina para poder respirar. Noto sus manos en mi cintura y cómo salta conmigo, escucho su risa debajo de la música y me doy la vuelta para bailar con ella. Movemos las caderas, agitamos el pelo, bailamos como si nadie nos estuviera mirando, reímos como si nada malo hubiera pasado nunca. Ignoro al chico que pasa detrás de mí demasiado despacio y demasiado cerca, también ignoro al que me toca el culo al pasar y me acerco un poco a una columna para estar protegida por detrás.

Cuando nos falta el aliento vamos hacia la barra y pedimos unos cubatas. Vodka con limón, estoy tan sedienta que en dos tragos me lo he terminado. Cruzo la mirada con un chico que está mirándome fijamente, le observo yo también, es guapo, moreno y alto, ojos oscuros, le sonrío y me guiña un ojo. Mi amiga me da un codazo nada discreto cuando empieza a acercarse y nos reímos como tontas. Su aliento me acaricia el cuello cuando me pide que baile con él, su mano se posa en mis caderas sobre la falda, con un dedo rozándome la piel, y en vez de sentirme intimidada me siento seducida. Se me acelera el pulso y aumenta el calor en todo mi cuerpo.

Arrastro a mi amiga también a la pista y bailamos con él, aunque toda su atención está puesta en mí y cada vez se me acerca más, hasta que su cuerpo se mueve pegado al mío, sus manos me acarician los hombros y los brazos y me dejo llevar. Es tan excitante sentirse deseada. Después de un rato me dice al oído que si quiero salir a fumar, intento que mi amiga venga también pero prefiere dejarnos un poco de intimidad.

Respiramos con gusto aire fresco, solo un momento, luego encendemos los cigarros y charlamos. Su mano busca la mía y entrelazamos los dedos mientras me escucha, deja el cigarro a medias y sus labios se entretienen en mi cuello mientras yo apuro el mío. Me dice que hay un sitio más íntimo a la vuelta de la esquina y me dejo llevar por él, con un cosquilleo recorriéndome el cuerpo mejor que cualquier droga, y acabamos en un callejón medio iluminado. Me apoyo contra la pared y su boca devora mi boca, su lengua me invade, sus manos me agarran del culo y noto su erección contra mi estómago. Le aparto un poco para coger aliento.

- Oye, no vamos a hacerlo en un callejón. - Río un poco nerviosa e intento apartarle más.
- Tranquila, nadie va a molestarnos, vamos a pasarlo bien. - Intenta besarme pero le sujeto los hombros y le miro seria para dejarlo claro.
- En serio, no voy a follar aquí. - Me sujeta las muñecas por encima de la cabeza y el miedo me enfría el cuerpo. Me preparo para gritar.
- No seas una calientapollas, no vas a dejarme así de cachondo.
- ¡Suéltame, joder!

Me suelta las muñecas y su mano abierta se estrella contra mi cara. Me sujeta antes de que caiga al suelo. Mi cabeza choca contra la pared. Me siento mareada mientras noto cómo una mano me aprieta las tetas y la otra me levanta la falda. Siento náuseas, tanto asco y tanto miedo que me quedo paralizada. Me frota fuerte entre las piernas, me hace daño en los pezones y me muerde el cuello, cada vez es más violento. Se me escapan unas lágrimas enfurecidas. No. No. No. Le da igual que grite, le da igual que me resista, le da igual que llore, le he puesto cachondo y tengo que pagarlo. Pues a mí no me da igual, no dejaré que me dé igual.

Meto la mano en el bolso, está tan distraído jugando con mi cuerpo que no se entera, y busco hasta palpar con los dedos el frío del metal, saco la pequeña navaja que nunca pensé necesitar, que desprecié por ridícula pero que guardé con una sonrisa, y la abro sin dificultad. Me muerdo el labio haciéndome daño por el miedo que siento, por mí, por él, por la navaja, por todo. Por su fuerza, por mi propia fuerza. Por su violencia, por mi propia violencia. Cuando me penetra fuerte con un dedo y escucho cómo se baja la cremallera ahogo un grito y no dudo más, levanto el brazo sin pensar y le rajo la cara.

Se aparta con un grito y cuando ve la sangre en sus manos me mira como si fuera a matarme, como si fuera la culpable, como si tuviera que pagar más caro. Me tiemblan las piernas, me cuesta respirar. Cuando se abalanza hacia mí bajo el brazo, o se baja solo, y no sé qué hago pero lo hago, le clavo la navaja entre la cremallera abierta, la suelto y cuando cae hacia atrás se la lleva clavada en su polla. Sé que está gritando pero no escucho nada, no sé si estoy respirando. Vomito alcohol y bilis mientras él grita y se retuerce en el suelo. Respiro, respiro, respiro. Estoy respirando. Le miro y respiro.

- ¡Llama a una ambulancia, me voy a desangrar! Hija de puta, ¿qué me has hecho? ¡Pide ayuda!
- No.

Me coloco la ropa y salgo del callejón sin mirar atrás.



Las chicas del relato no tienen nombre porque podríamos ser cualquiera de nosotras pero con un final muy distinto, como tanto está pasando últimamente (el maltrato y asesinato de mujeres) y desde siempre, espero que no para siempre. ¿Estoy haciendo apología de la violencia? Pues claro, joder, no vamos a escapar de la muerte soplando un silbato, no vamos a salvarnos esperando ayuda, o luchamos nosotras o estamos perdidas. Luchad, mujeres, sé que no es fácil. Luchad con violencia, luchad contra el miedo, luchad educando a los niños para que sean buenos hombres y a las niñas para que sean mujeres vivas. 

(aclaro que el final solo es mi toque psicópata personal, solo es literatura, no apoyo el asesinato, obviamente, pero parece que tengo que decirlo, solo que nos defendamos, solo que seamos fuertes, solo que no tengamos miedo de defendernos con la fuerza que sea necesaria.)

10/8/15

Creo que la tristeza es innata en mi alma


He abierto los ojos con la alarma del móvil, es suave y melódica. Ocho de la mañana. Lunes. Otra semana más desde el principio. He dormido bien pero me siento cansada, agotada, acabada. No quiero moverme nunca más. He mirado el techo blanco sucio de gotelé durante unos minutos y una lágrima se ha escapado de mi ojo izquierdo. Luego han empezado a caer más lágrimas desbordadas. En silencio. A veces llorar es como ahogarse en el mar. Me estoy ahogando. Me he ahogado. Durante unos minutos. Después me he levantado, he saboreado las lágrimas de mis labios y me he secado la cara con la camiseta del pijama. Me he vestido, pantalón negro, camiseta negra. He cogido la mochila. Me he puesto las gafas y he salido de casa. No puedo llegar tarde al trabajo. 


Estoy encerrada en una jaula
soy un pájaro muerto
azul
los gusanos de mi estómago
tienen nombre
y hambre
yo tengo sueño
y sueño
el bucle no da respiro
ni el mar sin calma
te traga una ola
y giras
y giras
como un cadáver
pero puedo vivir estando muerta
puedo vivir sin respirar
eso es el dolor
luego te sacude otra ola.


3/8/15

¿Tenéis un corazón que palpite?


- ... se ha muerto.
- Lo siento ¿Le tenías mucho cariño?
- No mucho, sinceramente. Pero siempre duele como un puñetazo de realidad, te falta el aire por unos momentos y sientes la mano de la muerte alrededor del cuello, un espejismo del futuro, la nada mirándote a los ojos y sonriendo con un rictus de inevitabilidad desde un cadáver frío.
- ¿Vas a estar bien sola?
- Claro, no te preocupes, la muerte es ya una amiga aquí.




2/8/15

La vida es un barco que se hunde (vídeo)



- Leyendo un texto de Rorschach Kovacs:
http://hermosadecadencia.blogspot.com.es/2015/02/en-esa-habitacion-de-goteras-rojas-me.html