10/12/15

Conversaciones sin futuro

En un bar de un barrio

- Un café con leche, por favor. - Manolo se sienta en un taburete de la barra y suspira - Vaya invierno más malo tenemos este año, espero no pillar la gripe pateándome las calles buscando trabajo, las malas rachas nunca se acaban.
- Aquí tiene, señor, su café con leche, pues compre la tarjeta del metro o busque por internet.
- ¡Ay! Si yo pudiera pagar esas cosas, todo sube sin parar y dicen que todo lo que sube tiene que bajar pero la gravedad no existen en el dinero. Toma, te lo pago ya. - Le entrega 1.80 euros.
- Bien, pero ha subido diez céntimos, señor.
- Todo sube y sube y sube, hasta que nos estrellemos, qué desgracia de país. - Rebusca diez céntimos en la cartera y se los da al camarero.
- Gracias.

- Manolo, amigo, hacía mucho tiempo que no te veía.
- Hola, Juan, qué alegría. - Se saludan con un apretón de manos y se sientan juntos a la barra.
- Camarero, un café bien cargado.
- Ha subido diez céntimos. - Le dice Manolo removiendo el suyo.
- ¡No jodas! Este maldito país quiere estrangularnos, de verdad.
- Aquí tiene, su café.
- Gracias, por decir algo... ¿Te has enterado, Juan, de que el presidente del gobierno se ha subido el sueldo a trescientos mil euros? ¡Y nosotros sin poder pagarnos un café, me cago en todo!
- Al menos tú tienes trabajo.
- Pero nunca sé si van a renovarme, es una angustia constante.
- La de todos ¿Y qué tal tu mujer?
- Bien, tirando, todavía en lista de espera para la operación, estoy planteándome pedir un préstamo al banco, si es que me lo conceden, pero ella se niega a endeudarnos más, dice que no le duele y que no importa esperar, pero yo no sé...
- Tranquilo, todo se solucionará.
- Todo se solucionaría si nos hicieran la vida un poco más fácil, joder.
- ¿Qué imbécil votó a ese lobo con piel de cordero?
- Yo no, eso seguro, no voté a nadie. ¿Y tú?
- Yo... pues yo tampoco, la verdad.
- Bueno, dos votos más, dos votos menos, no habría cambiado nada.
- Seguro, amigo.


En otro bar de otro barrio

- Buenos días, David.
- Hola, guapa. ¿Lo mismo de siempre?
- Por favor.

Marta le observa moverse tras la barra, reconociendo cada movimiento, trabajar en hostelería es tan agotador y está tan poco valorado, pero mejor que no tener nada... Suspira, no sabe si arrepentirse por haber dejado su trabajo por el estúpido sueño de ir a la universidad. Le sirve el café y se queda frente a ella.

- ¿Cómo te va todo?
- Pues esta mañana he solicitado la beca para poder ir a la universidad, hasta que no tenga respuesta no sabré qué tal me va todo, mientras rezaré mucho por un milagro.
- Tal y como está el mundo parece que rezar es lo único que podemos hacer, pero no te preocupes, eres inteligente y lo conseguirás.
- Esto es como que te toque la lotería, no soy muy afortunada.
- Siempre hay una primera vez.
- Bueno ¿Y tú qué, cómo va la hucha para poder independizarte?
- Pues de mal en peor, me han bajado el sueldo otra vez, ya no sé si soy un trabajador o un esclavo.
- Joder, no tenemos a nadie que nos proteja, nadie a quien le importemos.
- Todo es por culpa de los políticos que tenemos.
- ¡Lo peor son quienes les votan!
- Pues sí, ¿tú fuiste a votar?
- No creo que valga la pena, no. ¿Y tú?
- Pues tampoco, me pilló en horas de trabajo y no me apetecía ir y volver corriendo.
- Bueno, dos votos más, dos votos menos, no habría cambiado nada.
- Claro que no.


En otro bar de otro barrio

- ¿Qué tal, Alberto, cómo te va la vida?
- Pues un poco jodido, para qué mentir si lo estamos todos.
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En otro bar de otro barrio

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En otro bar de otro barrio

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