3/6/15

Conversación, monólogo, escena, fin.

- No deberíamos hacerlo.
- No puedes dudar ahora, hay que terminar lo que se empieza.
- Está mal.
- El mundo entero está mal, la justicia no existe, hay que hacerla.

Aparto la mirada del espejo y clavo los ojos en él.

Te voy a contar un secreto:
Siempre tengo miedo

Pero no de ti. Tengo mis propios monstruos, mi interior es como una prisión infernal donde están atrapadas todas mis pesadillas, gritando como bestias enjauladas, rabiosas desgarrando mi interior, y tú eres el menor de mis problemas. ¿Crees que voy a tenerte miedo solo porque eres un hombre, más fuerte y más alto que yo? Nunca has mirado a los ojos a un monstruo de verdad y tú no llegas ni a perro rabioso. ¿Crees que puedes hacerme daño, que tus empujones, tus puñetazos, tus patadas, pueden hacerme sufrir? No sabes lo que es dolor de verdad, ese insoportable que aniquila todo a su paso, porque ese se siente desde dentro y no deja moratones ni hace sangre, ese consume hasta devorarte por completo. No, no me das pena, no eres así porque sufras, solo eres perverso y patético, con tus puñitos y tus insultos. Puta. Zorra. Fea. Gorda. Asquerosa. Ridículo. Desesperado. ¿Crees que puedes hacerme llorar? Ni siquiera la oscuridad es capaz de arrancarme una sola lágrima, porque ya no me quedan, mucho menos para ti. No escondes ningún truco bajo la manga que yo no tenga bajo la piel. ¡¿Qué más queda por romper?! ¿Ves algún recoveco que quede intacto en mí? Ya está todo destrózalo, qué más da. Si importara eso importaría todo lo demás.

Pero tú, tú no eres NADA.
Para ti ya no me queda ni paciencia ni redención.

Me acerco hasta él y recojo con un dedo una solitaria lágrima que le resbala por la mejilla, la llevo hasta mis labios, me parece injusto que todas tengan el mismo sabor salado, como si no mereciera ese ápice de humanidad. Le quito la mordaza de la boca y antes de que pueda proferir su último insulto, grito o súplica paso la hoja de metal que empuño por su cuello, mi última caricia, la única que se merece tal escoria, y observo cómo se desangra como una cascada desolada.

¿Quién es el verdadero monstruo aquí, eh, cariño?