9/11/14

Hay tantas formas de amar como de follar

Me pongo de rodillas sobre el colchón con las manos en la pared, él se agarra fuerte a mis caderas, clavando sus dedos en mi piel, y vuelve a entrar en mí de una embestida, hasta el fondo. Hace rato que dejé de gemir para empezar a gritar. Me folla como si quisiera invadir todo mi cuerpo, colonizarme, poseerme hasta perder la razón. Se acerca, pega su pecho a mi espalda, sube las manos por mi estómago hasta cubrir mis tetas, me las aprieta con los pezones entre los dedos, su boca en mi cuello, sus dientes en mi piel, apretando, sin bajar el ritmo de sus embestidas. Presiono mi culo contra sus caderas para que llegue más profundo y ya no puedo ni gritar del placer que va hacerme explotar. Me empuja hacia abajo, cogida por la nuca, hasta tener la cara aplastada contra el colchón, me agarro a las sábanas, las muerdo, y con la mano libre me azota el culo sin parar de taladrarme con su polla. Mi cuerpo empieza a temblar, ardo viva, y mientras me corro mi coño succiona su polla y él llega al orgasmo conmigo.


Pongo un cigarro entre mis labios, lo enciendo, suspiro humo, y reviso mi cuerpo con un espejo pequeño en busca de marcas. Cesa el ruido de agua cayendo y poco después sale... él del baño. Joder, no recuerdo su nombre, pero todavía retumban en mi garganta los gemidos de nuestro revolcón. Se acerca desnudo hasta la cama, repasando todo mi cuerpo con la mirada, con una sonrisa vanidosa en esos labios carnosos todavía rojos por los besos y los mordiscos. Me duele cada centímetro del cuerpo y es maravilloso. Pero el tío este tiene que largarse ya.

- Nena, tengo que irme ya que mañana trabajo. - Menos mal.
- Tranquilo, yo voy a quedarme dormida en cuanto dé la última calada.
- Todavía no me he ido y ya estoy deseando volver a verte.

Se acerca para besarme pero le pongo una mano sobre el pecho para detenerle. Parece que tengo que dejarle las cosas claras otra vez.

- Ya te dije al principio que tengo pareja y por mucho que me haya gustado estar contigo no va a volver a pasar, nunca repito tío, quiero que salgas por esa puerta y nunca volver a verte. ¿Lo entiendes?
- Joder, no te estoy pidiendo matrimonio solo más sexo.
- Tengo una única regla y nunca la rompo.
- Bueno, pues llámame cuando lo dejes o si rompes tus reglas.

Jamás. Estoy muy enamorada, pero aunque él ya haya vivido todo lo que quería y yo sea el último amor de su vida no significa que yo, con quince años menos, también vaya a atarme exclusivamente al primer y único amor de mi vida, que lo es y lo será, pienso estar con él para siempre, lo demás sólo es sexo. No quiero perderme nada aunque sea egoísta, mi forma de vivir es cogiendo todas las oportunidades que se me cruzan, y si salgo de fiesta y ligo y quiero follar con un desconocido lo hago. Pero él es con quien comparto mi vida, a quien quiero, el único, a quien siempre vuelvo.

El sonido de un portazo me deja por fin a solas. Me meto bajo la ducha y me quito con agua caliente el olor de otro en mi cuerpo frotando con la esponja exfoliante, dejando más enrojecida mi piel. Casi siempre estoy muy segura de mí misma pero a veces dudo de si soy buena persona porque sé que le rompería el corazón si se enterara de lo que hago sin él. Pero no puedo vivir mi vida para otra persona, el centro de mi mundo siempre seré yo y moriré habiendo hecho todo lo que quise y pude hacer. Si no vives al máximo, sin limitaciones, para mí no merece la pena.

Antes de dormir, tumbada sobre sábanas nuevas, le llamo, necesito escuchar su voz y decirle que le quiero para descansar bien cuando no estamos juntos.