5/9/14

Mis lágrimas rojas no gotean de los ojos azules (I)

Esta noche he tenido una araña paseándose por mi brazo, dejando un sendero de picaduras rojas, una justo en una cicatriz, otra en medio de un tatuaje. Me he despertado al sentirla en el cuello y ha escapado antes de que pudiera matarla. Qué asco. Me dan pánico las arañas, solo con verlas hacen que me pique todo el cuerpo, que sienta sus patas por todas partes, con esa paranoia dormir es imposible.

Prendo un cigarro y me siento al borde de la cama, no puedo ver las estrellas por la ventana pero escucho los grillos del patio y eso me relaja. Enciendo otra vez el mechero y miro la llama, me da miedo el fuego desde una vez que estuve a punto de quemar la cocina - conmigo dentro - con una gran llamarada que salió de una sartén, pude controlarlo pero me dejó durante horas temblando de miedo. Apago la llama, doy una calada, estiro el brazo y pongo el metal del mechero contra mi piel, durante unos segundo es insoportable y dan ganas de gritar, tengo que morderme la lengua para no hacerlo, pero cuando se va atenuando el dolor, el calor, solo queda el placer, hasta apagarse y volver al dolor de la quemadura.

Me tienen controlada los brazos para que no vuelva a cortarme pero una quemadura de vez en cuando es justificable, puedo llegar a ser muy torpe. Es mi novio quien me vigila el cuerpo entero, me conoce muy bien, y me tiene bajo amenaza de abandono si vuelvo a hacerme daño, pero también es el primer morboso que quiere saberlo todo sobre el dolor, a través de mí, y le gusta acariciar mis cicatrices. No me importa ser un monstruo de circo para él, si es capaz de adorarme por ello.

A él le gustan
las cicatrices
de mis brazos
en verano.
A mí me gustan más
las heridas
y la escarcha
en las aceras.

¿Por qué hacerse daño? Porque tu vida es tan jodida que solo puedes combatir dolor con dolor. Encuentras la idea en un película, por ejemplo, y cuando no puedes más la llevas a la práctica, porque en la película parecía horrible y doloroso pero luego la protagonista sonreía, entre lágrimas, y tú las lágrimas y el dolor ya los tienes, te falta la sonrisa. Por qué no. Qué podría ir peor. Lo haces y te duele y te ayuda, te calma, te saca esa deforme sonrisa, y puedes volver a respirar, secarte las lágrimas y aguantar un día más. La cuchilla se convierte en tu mejor amiga, la guardas entre paños y gasas como un tesoro. Y no solo ayuda el momento de la herida, que es el éxtasis, como si las gotas de sangre compensaran a las lágrimas, sino también mientras los cortes se curan escuecen y pican y tiran de la piel, son incómodos, y puedes arrancarte la costra en un momento de necesidad. Lo sé, es asqueroso, así es el sufrimiento.

La piel regenerada
blanquecina
no cura las heridas
solo cubre la sangre.

¿Por qué hacerse daño? Porque nada más funciona, porque tienes el dolor tan arraigado en tu interior que solo distorsionándolo; dolor contra dolor convertido en placer, puedes estar en paz. Porque el dolor físico acalla el dolor emocional, y tu corazón puede seguir latiendo, bombeando sangre fuera de tu cuerpo, llevas demasiada carga; hay que aligerar.

Lo único que no puedo esclarecer es si en todas las personas puede funcionar igual, no quiero ponerme pedante, pero creo que no. Creo que todos estamos hechos para soportar el dolor emocional, forma parte de estar vivos, siempre sufrimos por algo y no podemos dejar que eso nos desmorone, luego cada persona lucha contra sus demonios a su manera. Y no creo que cualquiera pueda soportar y utilizar a su favor el dolor físico, no es algo que tengamos que aprender a tolerar, es algo de lo que aprendemos a huir o a defendernos, es un enemigo natural de la vida, y hay que ser un poco "diferente" para poder modificarlo, para ir contra nuestro instinto.

Cuando tengo un ataque de ansiedad, de pánico, y me corto, puedo volver a respirar poco a poco, el dolor no es doloroso, es la única forma de tranquilizarme cuando he pasado el límite: el dolor, sea como sea, cuanto más mejor.

Autodestruirse no es una forma bonita de vivir, aunque está mejor visto si lo haces siendo un alcohólico o incluso un drogadicto que necesita una raya para sentirse bien, o un fumador que se asfixia lentamente día a día, todos tenemos vicios, todos tenemos comportamientos destructivos para aguantar hasta el día siguiente, yo tengo el peor. Y aunque ahora he tenido que aparcarlo y cambiar la cuchilla de escondite porque tengo a alguien a mi lado a quien hago daño con mi dolor, sé que cuando me quede sola otra vez volveré a mis viejos hábitos, sé que volveré a hacerlo en cuanto pueda. ¿Cómo huimos de nosotros mismos?