13/9/14

Escribir por escribir por pasar el tiempo por no echar de menos por vivir

Suena el despertador del móvil. Mi novio se levanta, se prepara té negro, yo me doy la vuelta en la cama y sigo durmiendo media hora más. Siempre igual. Podría estar durmiendo medio día si me dejaran. Después de beberse su primera taza viene a despertarme con arrumacos, si le he dado sexo por la noche está contento y cariñoso por la mañana... si no ha dormido mal por mis recurrentes pesadillas, se despierta solo con que me mueva. La otra noche le desperté porque me estaba riendo, soñaba algo muy gracioso que ya no recuerdo. Me visto y bajamos al bar a por mi primer café del día, lo necesito para ser persona. No me gusta el sexo mañanero, recién despierta me cuesta mucho llegar al orgasmo. "Un café con leche, por favor. Gracias." Voy sin ropa interior, como a él le gusta. Me mira mientras doy sorbos y hablamos, siempre hablamos mucho, sobre todo, sobre cualquier cosa. Comemos con su madre, cocina muy bien, creo que le caigo bien. Es muy importante llevarse bien con la suegra, o fingirlo. Él tiene suerte, no tiene que llevarse bien con ninguna suegra ni suegro ni con nadie, solo tiene que gustarme a mí. En casa suelo echarme la siesta después de comer, un ratito. Me encanta mi sofá. La televisión de fondo. Con él me echo "la siesta" que incluye juegos, caricias y sexo. No es difícil ponerme cachonda. Tengo un coño muy acogedor y está tan enamorado de él como yo. La ventana está abierta, todavía hace demasiado calor. Se escuchan las televisiones de los vecinos, el perro ladrando, discusiones, los muelles del colchón, nuestros gemidos. Le muerdo en el hombro cuando acelera el ritmo. Le hago daño y eso le pone más violento. Me folla más fuerte. Me aplasta contra el colchón. Le clavo las uñas en la espalda. Me muerde el labio. Sus caderas son eternas contra las mías. Vamos a machacarnos los huesos en frenesí. Somos un círculo vicioso de dolor y violencia que nos lleva al orgasmo. Saboreo el paraíso. Sabe a sangre. Mi amor deja de aplastarme y puedo recuperar el aliento. Su semen se escurre entre mis piernas y deja una mancha en las sábanas arrugadas, sudadas. Huelo a él. Huele a sexo. Echo de menos el cigarro de después. No nos abrazamos después de follar, cada uno se recupera a su lado de la cama, pero nuestros dedos siempre se rozan. Nos duchamos juntos con un poco de prisa o no le dará tiempo a llegar al trabajo. Recogemos la ropa del suelo. Nos vestimos. Sonreímos. Nos damos un beso por cada prenda de ropa puesta. Y tenemos que ir cada uno a nuestro infierno personal, cualquier sitio donde no estemos juntos. Una hora hasta llegar a mi casa. Trasbordo en Atocha. Compro horchata y chocolate en el chino antes de subir. Enciendo el ordenador. Spotify. Lana del Rey. Leo un rato a Pizarnik. Es dura, complicada, compleja, maravillosa, genia. Tengo en la mesa también a Panero, Bukowski, Plath, Sexton, Dickinson. Quiero aprender. Abro blogger. Suelo escribir desde aquí y luego lo guardo en word. Empiezo. Lo único que pienso en mi casa es en el tiempo que queda para volver a verle. El lunes. Cuento los segundos entre letras mías y ajenas.