13/7/14

He salvado una vida

El viernes por la noche, volviendo a casa después de cenar, me encontré en el suelo un ave aleteando pero sin poder volar, parecía herida, hasta casi agonizando, se movía desesperada, y me agaché para cogerla, pensando que estaría herida y que tendría que ponerme a buscar un veterinario de urgencias, pero no tenía nada a simple vista, era tan pequeña y frágil y parecía tan asustada que no podía dejarla allí sola para que le pasara cualquier cosa, se agarró con sus uñitas a mis dedos y tuve que llevármela conmigo, para cuidarla, para curarla, para darle aunque fuera una muerte lo menos dolorosa posible, lo que sea, porque no sabía ni qué le pasaba y ni siquiera qué especie de ave era. "Qué pájaro tan extraño pero qué precioso es, ¿qué te pasa, pequeño?"


Al llegar a casa descubrí que era una golondrina. Tal vez no debería haberla cogido, tal vez la he arrebatado de su madre, se cayó del nido y habría ido a buscarla, pero también tal vez alguien la hubiera pisado, no tuviera nadie que la salvara, o a saber quién podría habérsela encontrado que la cuidaría peor que yo. Qué más da, en cuanto la vi se convirtió en mi responsabilidad, de ninguna manera podía dejarla sabiendo que algo malo le pasaba. Jamás de los jamases.

La guardé en una caja de zapatos, le di agua con trocitos de pan con una cuchara, la calenté con un calcetín y al día siguiente cuando me levanté fui corriendo a abrir la tapa de la caja para verla, preparada para lo peor, insensibilizada para lo peor, y me llevé la gran sorpresa de que estaba bien. Pude respirar tranquila y relajarme un poco después de pasar una noche de sueños inquietos y posturas incómodas. De todos los seres vivos los animales son mi especie favorita.


Durante dos noches y dos días he cuidado de la golondrina, he visto cómo iba mejorando, cada vez más activa, más despierta, con más ganas de revolotear por la habitación hasta no parar quieta, y aunque no sé -y ya nunca sabré- qué es lo que la pasaba -supongo que el golpe y el susto de la caída- sí he sabido esta noche que ya era momento para soltarla, al menos para intentarlo, porque la escuchaba arañar la caja y en cuanto la abría intentaba volar y se chocaba con las paredes de mi habitación. Por muy preciosa que fuera no podía quedármela, no era mía, yo sólo la estaba ayudando y ya no parecía necesitarme.

He bajado con una amiga a un parque que hay frente a mi casa, he sacado a la golondrina de la caja y -como siempre hacía- se ha enganchado a mis dedos, no quería soltarme, y en mi interior deseaba que no me soltara, que no se fuera, parecía asustada y tan diminuta agarrada a mis dedos y yo la cuidaría para siempre tan contenta.
- Vamos a darle un poco de tiempo. Dice mi amiga.
Nos sentamos en un banco, acaricio a la golondrina para relajarla.
- Vive libre o muere libre, pero sé libre, no has nacido para estar en una jaula encerrada, yo ya no puedo hacer nada más por ti.
Y entonces empieza a llegar una ráfaga de viento, levanto un poco la mano y la golondrina al notar el viento empieza a mover la alas, poco a poco, con miedo al principio pero cogiendo confianza por segundos, un poco más de viento, levanto el brazo y estiro los dedos todo lo que puedo, la golondrina mueve las alas cada vez más rápido, y entonces me suelta y emprende el vuelo, da una vuelta sobre nuestras cabezas y se lanza hacia delante, hacia la oscuridad del parque, rápida y preciosa, sin decir adiós.

En cuanto la veo volar hacia lo lejos me levanto y grito de felicidad.
- Ha sido impresionante, ha sido absolutamente precioso, joder. Dice mi amiga.
Y yo, al perder de vista a la golondrina que ha estado conmigo dos noches y dos días, después del fogonazo de felicidad por haber devuelto una vida a la vida, siento ganas de llorar, me siento triste y sola por unos segundos. Charlo con mi amiga emocionada por el espectáculo que nos ha regalado con su partida y caminamos un poco por el parque para asegurarnos de que no ha vuelto a caer, y entonces llega el miedo, nunca más podré protegerla, no sabré si sobrevivirá, si estará bien, ahora depende al cien por cien de sí misma y yo ya solo puedo desearle suerte.


PD: Mañana me voy de vacaciones a la playa una semana, nos leemos a la vuelta.