24/6/14

No siempre soy lo que esperas o lo que quieres, pero siempre soy yo.


- Mírala, una emo gótica depresiva saltando en los charcos como una niña pequeña, no eres muy convincente.
- ¡Quién fue a hablar! El pseudopoeta decadente mojabragas que se refugia bajo un paraguas rosita.
- ¡Es rojo!
- Como mi sangre diluida en esta lluvia...
Pero tranquilo
,cariño, 
que como más me gusta mojarme es cuando me lo haces tú.
Sólo soy un aguacero sin ti.


Él prefiere disfrutar de la soledad bajo la tormenta que hace eco en su interior, acompasada a sus latidos, mientras en su oídos retumba la banda sonora de su vida sin acallar los miles de pensamientos que rondan su mente, el dinero que falta para pagar las facturas, la última fractura de corazón, el hambre en el mundo y en su propia nevera, el alcoholismo solitario de una cama vacía, anhelos, deseos, pesadillas... Caminar sin rumbo hasta el último trueno, con la mirada perdida y las pestañas empapadas.

Ella está cansada de llover de dentro hacia fuera, salada, caliente, gota a gota, y siente una tregua en su interior cuando el cielo retumba con sus gritos silenciosos haciendo eco a sus deseos, y por un momento puede bailar bajo la melancolía sin que la hunda hasta ahogarla, bañarse en un millón de lágrimas sucias, usadas, ajenas, que limpian su rostro. Salta de charco en charco sin mirar más allá de sus pies de barro. La despreocupada sonrisa es su mejor disfraz.

Los dos extraños opuestos chocan a la luz de un relámpago. Se reconocen de vidas pasadas, cuando él era un feliz infiel y ella una infeliz enamorada, cuando tenían el corazón un poco menos roto y la sonrisa más ancha, cuando las mentiras tenían menos veneno en los labios. Caminan juntos haciéndose compañía en su soledad contra el mundo, esquivando paraguas y el roce de sus manos.

me sonreía
desde su desierto
mientras yo me ahogaba
en un oasis de telarañas