7/4/14

Se puede parar de sufrir si encuentras la caricia adecuada

Me duelen las piernas y el cuerpo entero de quererte, hasta el alma, pero siempre empezando por el coño y la sonrisa. Luego te echo tanto de menos que la piel se me rompe extrañándote. No deberíamos estar lejos el uno del otro nunca, por nuestro propio bien y cordura.

- ¿De qué te ríes?
- De nada, no me estoy riendo.
- Sonríes.
- Porque soy feliz.

Podría morir tranquila después de conocer la felicidad, el placer y el amor. Mejor tarde que nunca aunque haya estado esperando demasiado tiempo con la mala suerte escondida en mi ombligo. Has traído alegrías a mis males y por curarme de mí misma te querré hasta que se apague el universo y llueva polvo de estrellas hasta asfixiarnos.

Que si soy tuya, preguntas. Que soy tuya, exiges. Y de quién sino, si ni yo misma me cuidaría tan bien como lo haces tú. Que soy un desastre hasta para respirar después de que me beses hasta dejarme sin aliento.