1/4/14

Salto al precipicio entre sus labios

Tiene esa excepcional habilidad de quedarse dormido en cuanto se lo propone, y su respiración relajándose es un bálsamo para mi insomnio, o siempre lo había sido... hace semanas que no consigo dormir ni con su cálido cuerpo acunándome y las ojeras han apagado el color de mis ojos. Cada beso que le doy es un déjà vu con sabor a despedida, en cada uno siento que es el último, y prefiero perderle mil veces a olvidarle para siempre, pero es un dolor constante, lo único que ya me mantiene con vida, ese dolor que significa que existe. Me he vuelto una adicta a él, una masoquista más del amor, acariciando el final en cada principio, sonriendo con recuerdos del futuro en los labios, salados y amargos. Me sabe al amor más doloroso que he tenido nunca y eso significa que le quiero más que a nada en el mundo.

Ojala pudiera dejar de intentar empezar con el final acabado y simplemente dejarme llevar, sin mirarme en el espejo preguntándole por el futuro que nos espera, sin imaginar en cada beso cómo me romperá el corazón, recordando cada caricia a fuego en mi piel para cuando me quede sin ellas. Soy incapaz de vivir el presente, siempre en el pasado o en el futuro pero nunca en el aquí y en el ahora. Solo soy un fantasma que nunca está del todo en ningún lugar, con lágrimas en los ojos cuando sonríe porque sabe que tarde o temprano esa sonrisa le costará una decepción. Cada vez que me acaricia sé que me quiere y que algún día dejará de hacerlo.

Y aun así, con los te quiero más tristes del mundo, las únicas sonrisas que tengo son para sus ojos, lo único que puede mantenerme en el presente sin que me pierda, juro que podría mirarle eternamente sin pestañear si él siguiera ofreciéndome la eternidad en sus pupilas. Que yo solo quiero quererle, amour, mal o como mejor pueda, en cualquier momento y lugar, aunque sé que su amor algún día se llevará el latido de mi corazón que me rompe las costillas con cada sílaba de su nombre.

- Hola, cariño, te querré siempre.

Nunca dejaré de besar la silueta de su rostro en la almohada.