9/4/14

Hasta el fondo y que duela


- Cariño, ya no me follas como antes, al principio, ya nunca me haces daño.
- Porque ahora te quiero.
- Pues echo de menos que no me quieras en la cama.
Su mano se engancha alrededor de mi cuello y se acerca hasta que respiramos nuestro aliento, acelerado.
- ¿Quieres te folle como a una puta y no como a la mujer que quiero?
- Quiero ser tu puta y que luego me quieras. Lo quiero todo contigo.
- Y yo te daré todo lo que quieras, mi amor.
Su voz es tan tierna que me recorre como una caricia. En sus ojos hay fuego. La perversión hecha hombre.


Su mano pasa de mi cuello a enredarse entre mi pelo y me obliga a ponerme de rodillas mientras se desabrocha el pantalón para convertirme en la musa de su polla. Que poetas con demasiado cuento los hay a patadas pero un buen orgasmo que te rompa desde dentro es la única poesía que quiero que me haga temblar. Aplástame contra el colchón con tu cuerpo. Recítame obscenidades al oído con tus labios rozándome. No quiero tener que buscar porno duro en internet para masturbarme, prefiero tener recuerdos contigo muchos mejores que un vídeo porno de James Deen. Nada me moja como tú cuando quieres poseerme. Hazme pecado. Quiero recuerdos marcados en la piel con tus dientes, con sabor a semen, con olor a sexo indecente y banda sonora de gritos y gemidos entre azotes. Así es como estoy más guapa, contigo dentro de mí.

Hagamos una película porno en nuestra memoria. Tranquilo, puedes quererme mientras me follas a cuatro patas como una bestia en celo y aunque tenga que morder la almohada para no quedarme afónica sigo diciéndote que te quiero sin parar. No hay momento en que me sienta más amada que cuando te corres en mi interior. El amor tiene que chorrear entre las piernas.

Hay tiempo de sobra después para que me acaricies los moratones y me abraces hasta quedarme dormida.
Soñaré contigo. En el colchón se escurren los restos de los te quieros.