23/3/14

Me follo las rosas con espinas de tus te quiero

Podría enamorarme de otras caricias recorriendo mi cuerpo por el sendero de cicatrices que dejaron las anteriores, incluso aunque sigan escociendo los recuerdos, no hay mayor masoquismo que el amor, pero ya no soy una niña inocente que se viste de princesa y que se siente querida cuando la abrazan por la espalda, ni me sorprendo cuando noto la erección pegada a mi culo y las manos estrujándome las tetas, que el amor es una enfermedad, la perversión un síntoma, y violar corazones una consecuencia. Lo aprendí a la primera, así de lista soy, igual que a desilusionarme sin lágrimas.


No hace falta que susurres que me quieres mientras me inmovilizas con tus manos, una apretándome el cuello, la otra sujetándome del pelo contra el colchón, y tus caderas golpean las mías cada vez más violentas, como si quisieras invadirme, y así me posees y me utilizas, pero de verdad no hace falta que me profeses tu amor, estoy tan mojada que todo me resbala y solo quiero escuchar los golpes de tu cuerpo contra el mío y nuestros gemidos, ya me tienes en tus garras, para qué seguir fingiendo que tenemos el corazón entre las piernas...

Me follaba tan fuerte contra ese viejo colchón de muelles rotos que se me rompió el corazón de tanto vapulearlo y lo peor es que no pude darme cuenta hasta mucho después de haber terminado porque el cuerpo entero me dolía de tanto amarnos. Nunca me di cuenta de que solo me acariciaba para colarse entre mis piernas y masturbarme hasta tenerme gimiendo alrededor de su polla. Hasta que me abandonó y tuve que curarme muy lentamente lamiendo mis heridas con los restos de su saliva. Ya no volveré a echarle de menos después de haber aprendido a acariciarme yo sola pensando en mí.


Ahora estoy recompuesta y con el maquillaje intacto, he despertado de mi extenso letargo, mientras el príncipe azul me violaba, con un orgasmo en los labios y el corazón petrificado. He escapado del paraíso artificial para recorrer cada esquina de cualquier cama y tengo la libertad tatuada en la piel, las mariposas del estómago ahogadas en alcohol y el nombre de cualquiera susurrado en mi aliento.

Si vas a besarme que sea entre las piernas.