21/3/14

Escucho latir mi corazón en tu pecho

Ella tenía la carcajada más triste del mundo, él las caricias llenas de tormentas, y la primera vez que se atrevieron a susurrarse te quiero su amor paró el mundo un segundo y todas las estrellas cayeron del cielo para concederles la suerte del universo entero. Creían que podían salvarse el uno al otro.

- Hazme olvidar que no he estado contigo toda mi vida.

Y conseguía hacerla olvidarse hasta de su propio nombre mientras le temblaban las piernas incontrolables sobre sus hombros. Besarla era el mayor vicio que él tenía, en cualquier parte de su cuerpo, con los dientes, con las manos, con los ojos, con los labios, a todas horas. Y ella se dejaba rehacer en sus manos de mar que cicatriza todas las heridas. Sus promesas juegan a tocar el cielo rebotando contra un colchón de muelles rotos.

Ninfómanos condenados a enamorarse del orgasmo a ojos abiertos clavados en el alma. El poeta que busca la lucidez al fondo de cualquier botella de cristal, tiene el infierno en sus plegarias, y la muñeca desinflada aspirante a musa efímera del para siempre, loca de dientes rotos por sonreír en cada caída. Esnifa polvo de estrellas y haz eco en el infinito.

Llevemos equipaje compartido
con todas las fotos en las que nos besamos con los ojos cerrados
y mis bragas rotas de amor.

Todas las margaritas que sobreviven a nuestros miedos
están enredadas en las trenzas de mi pelo
y florecen con tus caricias.

La única eternidad posible es morir abrazados bajo la misma tumba de cemento.