10/3/14

Cuando me quede sin palabras pintaré un beso en una hoja y la lanzaré de mi ventana a la tuya

A veces escribir sale del alma y otras hay que forzarlo, pero nunca debes parar porque si lo haces puedes quedarte paralizada para siempre, y sería como perder una parte de mí misma.

Cuando estaba en el instituto gané un concurso de escritura, llegó el profesor a clase con un taco de folios y nos dijo que durante esa hora escribiéramos un relato de tema libre, fue una encerrona en toda regla, luego algunos profesores elegirían a un ganador por curso y yo fui la del mío. Pero, aunque nunca he escrito mal, es algo con lo que se nace o no se nace y se puede aprender pero nunca es lo mismo, creo que gané por pena porque escribí un relato muy triste y estaba en una época de mi vida funesta. Sea como sea, me gustó escribir, y desde entonces siempre que he necesitado expresarme o desahogarme o lo que sea: escribía. Relatos, poemas, diarios, de todo, lo que fuera, escribir, escribir, escribir.

Mis sueños y mis pesadillas están hechos de tinta.
Cada parte de mí se derrama.
Hasta cuando me corro con él chorreo tinta, joder.
Y nunca he dejado de gritarle a la hoja en blanco ¿POR QUÉ? a todo.
Y algún día encontraré la respuesta, dentro de mí, que es lo único que hay en las letras: personas, recuerdos, pasado y futuro, almas, vidas... ni que fuera poco.

Y cómo no podía imaginar que me enamoraría perdidamente de ese poeta cabrón, el único por el que derribaría mis barreras sólo por la curiosidad de sentir su pluma contra mi piel creando mil palabras nuevas para contar secretos, imborrables. Y ahora soy toda un mar de tinta azul para que nunca nos quedemos sin formas de decir te quiero.