20/1/14

Todas las flores se marchitan

El otro día viajando en la renfe, tan tranquilamente como siempre, con muchas ganas de llegar a casa, de repente chirría el altavoz y la voz de un hombre nos avisa de que, textualmente: "Han entrado personas sospechosas en el tren, tengan cuidado con sus pertenencias." Primero la cara de todos es de asombro, nos miramos unos a otros y empezamos a intercambiar sonrisas incrédulas mientras, sin poder evitarlo, acercamos y agarramos bien nuestras cosas, aunque nos preguntemos en voz alta: "¿Quién será? ¿Es en serio o nos están vacilando?..." Porque, yo seguro y parece que ellos tampoco, nunca habíamos escuchado algo así antes, un aviso tan disparatado.

Nos calmamos poco a poco, después de exclamar nuestra sorpresa en voz alta, y cada uno vuelve a su entretenimiento pero, aunque no puedo leer la mente, sé que todos pensamos constantemente en esa persona que habrá subido al tren y si ocurrirá algo antes de que nos toque bajarnos, y nuestra mirada se desvía hacia lo largo del vagón por si vemos alguien sospechoso venir.

Yo sigo leyendo un relato erótico, de los que antes me conquistaban, pero ahora tengo que saltarme párrafos de lo aburrido y manido que me parece leer siempre lo mismo. Hay algunas autoras que intentan innovar pero, ¿¡qué pasa?! que se pierde la buena literatura por la novela fácil que pueda leer y gustarle a todo el mundo, y no sé si las autoras podrían ser mejores o de escritoras solo tienen lo que yo de pintora haciendo garabatos en un papel, pero cuanto más leo menos me gustan, y todo está mal escrito porque es tan simple y aburrido y repetitivo y no suelen tener más historia que un polvo tras otro, con leerte uno ya te has leído todos. Yo pongo los ojos en blanco y resoplo y me salto un párrafo tras otro leyendo frases sueltas, y una página tras otra, y por fin lo termino, sin pena ni gloria pero con un mal sabor en el corazón que no se quitará hasta que encuentre el libro que pueda follarse a mi mente y dejarme exhausta tras el orgasmo, y no hace falta que sea un libro erótico para correrme con sus letras.

Cuando guardo el libro en el bolso, más con ganas de romper la ventana de emergencia para tirarlo en la soledad de una tierra árida, se acerca hasta mi bloque de asientos un vagabundo con cara y voz de drogadicto sin retorno pidiendo dinero. "¿Será él?" pensamos todos. Nunca me cansaré de observar cómo cambia el ambiente cuando una persona con mal aspecto llega pidiendo dinero, las vibraciones son más lúgubres, por donde pasa todo el mundo desvía la mirada hacia abajo y hace oídos sordos como si de repente su mente estuviera gritándoles todos los misterios del universo y no pudieran atender a nada más, y ese pobre hombre, culpable o no de sus pecados, pasa inadvertido entre nosotros, sin que nadie se digne ni si quiera a tener en cuenta su presencia, como un fantasma que todavía respira, y su marcha fúnebre arrastra los pies gritando en silencio.

Me gustaría haberle mirado a los ojos y poder decirle "lo siento", porque eres invisible, porque no puedo darte dinero, porque no me fío de ti, porque ya estás juzgado y condenado, porque tal vez eres diferente a lo que pareces y nunca lo sabremos, porque no creo que merezcas mi dinero y me das tanta pena que no puedo ni mirarte a los ojos. Pero nadie es perfecto y todas las fachadas se resquebrajan con el tiempo, si pudieran mirarme dentro... solo soy ruinas, con un bonito vestido y los labios pintados.