21/1/14

"Has perdido el acto reflejo de besar."



Una sola copa no sirve para ahogar todas las penas del corazón. Nos desgastamos tanto buscando el Amor, enamorándonos, buscando a la persona que complete nuestras vidas y nuestros sentimientos, que no tenemos control en equivocarnos una y otra y otra vez, y las derrotas pasan factura, los sueños se derrumban con cada amor que muere como una flor deshojada tirada en el barro.

Cada vez necesitamos más copas para poder aguantar la primera cita, para poder volver a ilusionarnos con un futuro color de rosa en un mundo gris. No podemos evitar estar escarmentados del pasado y recelosos por el futuro, pero sonreímos mientras intentamos olvidar cuánto odio y rencor le profesamos a la última persona que amábamos, cómo los gritos ensordecieron los te quieros, cómo llegamos a aborrecer esa caricia por la que al principio nos desvivíamos, y sin saber por qué o cómo ese Amor tan grande que sentimos y que parece tener vida propia siempre acaba muriendo, y siempre nos mata un poco.

El corazón humano es insaciable e incansable, da igual cuántas veces se rompa: puede recomponerse.
Aunque nunca volverá a ser como la primera vez, el dolor es como una sombra que nos acompaña siempre.
Lo que no debemos olvidar es que buscamos a la persona adecuada, no a cualquiera. Que nunca debemos cometer el mismo error dos veces. Que sabemos amar, aunque mil veces nos hayamos equivocado, y que merecemos un buen amor, aunque nuestro corazón ya esté acostumbrado a romperse.

Hay personas que son kamikazes sentimentales y otras que son más reflexivas y precavidas. Las primeras nunca olvidan ni controlan las muestras de cariño, las segundas se dejan las caricias en el pasado y solo besan para robarte el aliento y encender la pasión, pero hay que saber acariciar con los labios sin que eso lleve a nada más que a demostrar afecto y ternura, porque cuando quieres a alguien necesitas sentir su piel a cada segundo.

Pero, sea como sea, siempre recomponemos las piezas rotas, nos secamos las lágrimas, y pese a las desilusiones volvemos a encontrar esperanzas. Hasta podemos aprender a besar otra vez, y las veces que hagan falta.