4/12/13

Me quiero contigo, te quiero conmigo.

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Dicen que los amores correspondidos son narcisistas, que no hay amor más grande y verdadero que el que se vive tras una ventana opaca solo con la compañía de la soledad, con marcos de fotos vacíos y abrazos caducados. Adorar en silencio. Amar bajo sábanas frías en una cama sin sueños.

¿Pero de qué sirve un espejismo al horizonte?
Una mentira disfrazada de verdad.
Columpiándose en las nubes que avecinan tormenta.

Lo que yo quiero es masturbarme con su cuerpo, retocar mis defectos en el espejo de sus ojos, abrigarme en las noches de invierno con su cuerpo tras mi espalda, bañarme con su lengua como una gata enamorada. 

Solo necesito respirar su aliento. Ser la reina de nuestro mundo, donde llueve hojas marchitas porque siempre es otoño, los cementerios son museos ajardinados, y yo paseo sobre baldosas amarillas con escarcha en las pestañas y una corona de espinas sin rosas, he hecho con sus pétalos un lecho en el panteón de nuestra victoria.

En nuestro epitafio pondrá que somos unos egoístas, felices y enamorados.
Porque preferimos vivir amando, que morir por amor.
Y hemos amado tanto que nuestro hogar asomaba a un precipicio con vistas al infierno.