7/12/13

Enséñame a volar, que quiero caer en picado




¿Lo recuerdas?
Los dos estábamos ahí cuando nos enamoramos.
Y ahora... nos hemos perdido.
Y ya no estás,
Ni estoy.


Al principio fue como si tanta pasión nos derritiera y fuera inevitable fundirnos y mezclarnos el uno en el otro, y ya no estabas tú; ni yo, entonces fuimos un Nosotros, y esa palabra inmensa, que no lleva ninguna A de Amor, entrelazó nuestros mundos y nos hicimos uno, y estábamos bien así, sin si quiera pensarlo o cuestionarlo, éramos felices juntos. Usando el mismo cepillo de dientes y la misma cucharilla para el postre.

Olvidamos los amores pasados a los que también creímos eternos, y sobretodo olvidamos que no lo fueron, para poder volver a ilusionarnos con la misma inocencia e ignorancia que en el primer amor, que en el primer beso, que en la primera noche juntos, y volver a saltar al vacío, cogidos de la mano, una y otra vez, sin recordar el sonido de los huesos rotos, con una sonrisa suicida en los labios.

Pero somos seres extraños, los humanos enamorados, enamoradizos, porque siempre acabamos odiando lo que amamos. Su tacto, su olor, su sabor, conocer cada lunar de su cuerpo, cada dilatación de sus pupilas, cada arruga de expresión en su rostro, saber lo que dicen sus miradas y lo que callan sus labios, conocer tan bien a la otra persona como a uno mismo, porque ese es el camino y el fin inevitable del amor.

Y caemos, contra un espejo al fondo del abismo, contra el reflejo de lo que fuimos, y el amor se convierte en dolor, y nuestro pasado se hace añicos, resquebrajando nuestro futuro.

Siete años de mala suerte, dicen.
Ten más cuidado la próxima vez,
Y controla a ese corazón tuyo, tan olvidadizo,
Pero es como decir “nunca más” después de vomitar una resaca,
Volverás a caer,
Lo sabes.

Somos adictos
A la falsa sensación de planear
Cuando en realidad
Estamos cayendo.