13/12/13

Antes de entrar en la cama hay que quitarse las bragas y la decencia.


Porque para amar no hay que tener escrúpulos, y para hacer el amor hay que dejarse el pudor colgando del pomo de la puerta. Hay que querer con el cuerpo desnudo y con el pecho abierto. Hay que dejarse acariciar el corazón y poseer entre las piernas. Hay que besar los defectos, gemir las virtudes, y arañar la espalda, pidiendo más y más y más; de todo. Hay que acoger a la otra persona por completo, en nuestro cuerpo, cada vez más profundo.

A veces las caricias dejan moratones, a veces el amor rasguña de tanta fricción, pero no hay que controlar la pasión, ni el ansia, ni temer la necesidad de poseer y ser poseídos. Acepta tu parte animal, ilógica, irracional, incontrolable, y follad como animales en celo, y cuanto más grites y más arañes y más te dejes llevar más amor estarás entregando y recibiendo. Sexo sucio sobre sábanas limpias, mancha la decencia con placer, sé libre; entregándote.

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Y sé que me adoras cuando tu mano aprieta mi cuello, mientras me penetras cada vez más fuerte y más profundo, con el placer en un gruñido en tus labios, y tu mirada anclada a la mía, pidiéndome, exigiéndome, que no aparte mis ojos de los tuyos, mientras te abrazo con mis piernas y grito que soy tuya y susurro que te quiero... Nos desbordamos juntos, en una suciedad que limpia, en un dolor que sana, en un placer que es la ambrosía de los Dioses, un atisbo de Paraíso y un roce de Infierno, un vislumbre de eternidad.

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Rompe las costuras de la carne
Que lluevan ríos de lava
Entre tus labios
Y firma tu amor eterno
En su espalda.