26/11/13

Tus embestidas reviven mi corazón

Despierto con una sonrisa después de un sueño muy extraño, pero en cuanto estiro el brazo y te siento a mi lado las pesadillas ya no importan, los sueños rotos caen bajo las plumas del colchón. Te acaricio la nuca, con los ojos entrecerrados, y cuando llego a tu hombro te muevo un poco y apoyas toda la espalda en el colchón, todavía con los ojos cerrados. Me abrazo a tu cuerpo, me acomodo en ti, y con una sonrisa en los labios llego hasta los tuyos y te beso tras un susurro de buenos días. Por fin abres los ojos, me miras, y sin sonreír vuelves a besarme mientras tu mano sube por mi pierna hasta descansar al final de mi espalda y apretarme más contra ti.

- Todavía sigo enfadado por lo de ayer
- Lo siento

Te acaricio la garganta con la nariz mientras cuelo mis manos bajo tu ropa para recorrer tu piel, darte calor, que me sientas más cerca… Con un rápido movimiento te pones sobre mí, entre mis piernas, y cuando te rodeo con ellas tu boca devora la mía y tu lengua me echa un pulso de pasiones.

Me desvistes con urgencia, sin miramientos, y luego igual contigo mismo, y en segundos ya estamos totalmente piel contra piel, acariciándonos con el cuerpo entero, y tu dureza está contra mi ternura, en la entrada hacia mi corazón, y entra sabiéndose dueño de su hogar, sin llamar ni con los dedos, como un náufrago que vuelve a casa después de años perdido.

Con una mano me sujeto a tu cuello, con la otra te araño la piel mientras no permito que bajes el ritmo, y con tu frente contra la mía y nuestros gemidos entrelazados, bailamos acostados sobre un lecho de sueños mojados.

Me subes las piernas a tus hombros y a cada embestida me llegas un poco más hondo, acercándote a romper (sin querer) el cerrojo de la coraza que lleva oxidada tantos años, y cuando la destruyas me desbordaré en tus brazos, hecha un mar de desiertos que quieren florecer regados por tus labios.


Y te devoro con mi boca
En tu boca
En tu pecho
En tu ombligo
Beso a beso
Entre lametazos
Posesivos
Y hambrientos
Y al dueño de tu hogar
Que es mi templo
Mi dueño
Lo mimo
Con aguaceros de pasión
Desenfrenada



Y clavo manos y rodillas sobre el colchón, mientras tu mano se enrosca en mi pelo y tu aliento lame mi cuello. Me posees como si fuera tuya, y lo soy sin remedio, y tus azotes en mis nalgas son caricias que llevaré grabadas para recordármelo. Y como perros en celo, gimiendo, gruñendo, como locos enfebrecidos por la pasión, nos profesamos un amor ninfómano que llena el alma hasta rebosarla, más sincero que cualquier “te quiero”, pero nunca olvides que te quiero, te lo recordaré al recobrar el aliento.