25/11/13

"Ojos que no ven, corazón que no siente"

Y a veces en vez de mirar lo que me rodea, cierro los ojos y observo hacia dentro, me veo en la oscuridad de mi interior, en el reflejo de mis párpados cerrados. Y siento los huesos desgastados, como hierro oxidado, los músculos cansados, como una goma elástica que ya no sujeta ni el aire de mis pulmones, y la sangre sabe añeja, y los recuerdos se ven borrosos, pero imborrables.

Y me asusto cuando siento el aliento de la Muerte en mi nuca, sus garras enganchadas a mi columna vertebral, y su pelvis cadavérica apretando mis nalgas. Y en el susurro del viento se pierden sus palabras, lujuria macabra, pero las siento retumbar en el fondo de mi pecho, en ese hueco, agujero negro, entre el corazón y el alma, mi abismo, su hogar, el infierno.

Y cuando intento escapar,
Me tropiezo contra un espejo.

Y miro todos mis pedazos en cristales rotos,
Y los recuerdos vuelven a sangran en mi piel.

El amanecer me despierta en mi cama, sola, con la sábana enredada entre las piernas, la almohada mojada de babas, y el atrapasueños inútil colgando del techo. En la mesita de noche un cenicero a rebosar, un vaso vacío con hielo derretido, y tu libro preferido que es lo único que me queda de ti, de un nosotros que ya no existe. Bajo la cama guardo tu cadáver, entre camisetas con tu olor, bragas rotas, condones caducados y fotografías amarillentas.

No me gusta lo que me rodea,
Tampoco lo que llevo dentro.
Mejor quedarme ciega,
Con sabor a vodka
Y olor a cigarro viejo y humo nuevo.